En los últimos días algunos usuarios nos han pedido más explicaciones sobre determinados baneos y sobre cuál es el criterio que sigue la administración cuando se producen conflictos graves dentro de la comunidad. Darlas no significa exponer datos personales ni reproducir comunicaciones privadas, pero sí aclarar el marco en el que se toman decisiones.
Menéame es un servicio privado, gratuito y basado en normas de convivencia aceptadas por todos al registrarse. La moderación no sanciona opiniones ni posiciones ideológicas, sino conductas. Entre esas conductas están los insultos directos, el hostigamiento reiterado, la descalificación personal y la utilización del sistema para degradar el debate. Cuando un usuario reconoce expresamente haber insultado a otro y manifiesta que no se retracta (tenemos las pruebas documentales), está admitiendo un incumplimiento objetivo de las normas. Si además existe reiteración o acumulación de avisos previos, la sanción puede escalar hasta el baneo definitivo.
También conviene aclarar algo importante: cualquier usuario es libre de acudir a los tribunales o a las autoridades administrativas si considera que existe una ilegalidad. Ese derecho no se discute ni se penaliza. Lo que sí puede tener consecuencias es el uso del conflicto de manera instrumental dentro de la plataforma, combinado con conductas que vulneran las normas de convivencia y como parte de una mala conducta general. No es lo mismo ejercer un derecho fuera de la web que convertir la amenaza en una forma de presión interna mientras se mantienen comportamientos sancionables. Podéis leer la norma aquí: https://blog.meneame.net/2026/01/04/actualizacion-de-los-terminos-legales/
En este caso concreto, la decisión no se tomó por una discrepancia ideológica ni por el hecho de mencionar posibles acciones legales. Se tomó tras constatar incumplimientos objetivos de las normas, insultos reconocidos y una dinámica de confrontación reiterada incompatible con el modelo de conversación que queremos mantener. La referencia a haber puesto el asunto en conocimiento de autoridades no fue, por sí misma, la causa del baneo. Lo relevante fue que esa advertencia se produjo en un contexto de insultos, reincidencia y confrontación continuada, integrándose en una conducta global contraria a las normas y evidenciando una ruptura de la confianza mínima necesaria para permanecer en la comunidad.
La amenaza fue la gota que colmó nuestra paciencia dentro de ese conjunto de comportamientos. El usuario no solo insultó a otros usuarios públicamente y fue reportado por muchos de ellos, sino que además, tras penalizarle con un strike, nos insultó también a nosotros. Nos encantaría que leyeseis las palabras que nos dedicó a nosotros y a otros muchos que menciona en sus comunicaciones, pero no las vamos a reproducir porque no es necesario exponer a nadie ni convertir este espacio en un tablón de agravios.
Basta con señalar que fueron expresiones inequívocamente ofensivas y contrarias a las normas que rigen para todos, sin excepción. La decisión se adoptó por el conjunto de la conducta y por la reiteración, no por una opinión concreta ni por una discrepancia puntual. Cuando la acumulación de insultos, advertencias desoídas y escalada verbal alcanza ese punto, la administración tiene la obligación de actuar para proteger el espacio común y al resto de la comunidad. La administración tiene la responsabilidad de evitar que derive en un entorno donde la agresión verbal sistemática sustituya al debate. Eso implica a veces tomar decisiones impopulares. Las sanciones no son arbitrarias ni se basan en simpatías personales, sino en conductas verificables y en el historial acumulado de cada cuenta.
Entendemos que haya usuarios que pidan más transparencia. La transparencia debe ser compatible con la protección de datos y con el respeto a comunicaciones privadas. Por eso explicamos los criterios generales y el marco normativo, pero no publicaremos detalles técnicos, correos completos ni información que pueda identificar a personas concretas. Lo relevante no es quién es el usuario, sino qué normas se han vulnerado y cómo se aplican. Nuestro compromiso es garantizar un espacio donde se pueda discrepar con firmeza sin convertir la discrepancia en insulto, hostigamiento o degradación personal. Cuando esa línea se cruza de forma reiterada, la consecuencia puede ser la pérdida de acceso, como ocurre en cualquier comunidad que se tome en serio sus propias reglas.
Ángel L. Fernández
CEO
